Aproximadamente en el siglo III a. C, la actual provincia catalana de Tarragona era capital y principal enclave de la antigua Hispania Citerior. De ésta época se conserva una extensa muralla que rodea el casco antiguo, un circo y un gran anfiteatro que en su día poseía un aforo de unas 13.000 personas.
Como no es de extrañar, aquí se llevaban a cabo peleas de gladiadores contra leones, exhibiciones de destreza y agilidad o representaciones de historias míticas como la Ilíada o la Odisea de Homero. Por todo esto no es difícil imaginar que uno de los atractivos principales de esta ciudad es su fantástico legado histórico.
En la Ruta de los Monasterios del Císter, que va desde la ciudad hasta la provincia de Lleida, se nos presenta ya una Tarragona algo más avanzada donde lo que predominan son las edificaciones de carácter religioso, como los monasterios de Santes Creus, el monasterio de Vallbona de Monges, o el famoso monasterio de Poblet, declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad.

Dejando atrás la historia, nos adentraremos en el entorno natural que decora este espléndido lugar de la Costa Dorada. Con una excelente temperatura durante casi todo el año, nos ofrece la posibilidad de recorrer este extenso litoral formado por la extensión de una infinidad de preciosas playas de suave arena donde podemos destacar la playa El Milagro. Cabe mencionar que aquí se ofrece la oportunidad de practicar deportes marinos como el surf o la vela sin perjudicar el medio ambiente.
Por último haremos una mención a la típica gastronomía mediterránea que define la cocina tarraconense. Los platos que no podemos dejar de destacar son la “samfaina de mi casa”, las “croquetas de arroz”, la “ternera folk”, el “caldo casero con fideos finos”, la “calçotada” o la “tortilla al ron”.