Brisa marina, excelente playas de arena suave, naturaleza exuberante...son condiciones indispensables cuando hablamos del término municipal gaditano de Chiclana. Reconocida nacionalmente desde hace años y con sus 203 kilómetros cuadrados, Chiclana se sitúa entre sus famosos vecinos de San Fernando y de Conil ofreciendo cada año una gran variedad de atractivos turísticos que van más allá de sus playas.
Centrándonos un poco en estas, diremos que la más famosa es la playa de La Barrosa, adornada con una infinidad de pinos piñoneros. Con sus ocho kilómetros desde Sancti Petri hasta la Torre del Puerco, se encuentra dividida en tres partes. La primera de ellas es la zona más virgen, Novo Sancti Petri. La segunda parte está coronada con un extenso paseo dotado de chiringuitos de paya, duchas, bares...Y la última, y no por ello menos importante, es la zona donde se sitúa su magnifico Puerto Deportivo, donde podremos realizar un sinfín de actividades y deportes relacionados con el mar.

Otro de los atractivos de los que presume Chiclana es su esplendido entorno natural, concentrado en su mayor parte en el Parque Natural de la Bahía de Cádiz. También son destacables la Laguna de Montellano, el Paraje Natural de las Marismas de Sancti Petri o la Laguna de Jeli.
Agolpadas en el centro de la ciudad, podremos observar que las edificaciones que abarcan una gran parte del patrimonio cultural chiclanero son la Ermita de Santa Ana, el Arquillo del Reloj, el museo Marín y la Iglesia de San Juan Bautista. Y si nos acercamos a la costa, encontraremos el famoso Castillo de Sancti Petri, imprescindible en una excursión cultural.
Famosa por la reconocida calidad de sus excelentes vinos y por los preciados frutos de su tierra, la gastronomía de Chiclana se ha ido introduciendo con el paso del tiempo en el diccionario culinario de la localidad con términos como “chicharros”, “parpujas”, “candiés” o “tagarninas”. Algunos platos típicos de especial reseña son “el arroz con almejas”, “los roscos de huevo” o el “gazpacho caliente”.