Queréis escaparos un fin de semana a alguna ciudad europea con un vuelo low cost. No queréis ir muy lejos y queréis comer igual de bien que en casa, sin que el clima os impida pasear tranquilos. Lisboa es la respuesta. La capital de Portugal es por sus dimensiones, oferta cultural y gastronómica y clima el mejor destino de fin de semana si queréis salir de España.
Si llegáis por la mañana, lo primero que debéis hacer es descubrir el pasado glorioso e imperial de la capital. Este se os rebelará rápidamente en sus tres plazas principales. Tres gigantescos espacios abiertos al aire libre que demuestran la amplitud de miras y capital de que disponían los portugueses del pasado, del colonialismo.

Las plazas en cuestión son Pedro IV, Rossio y, sobre todo, Comercio, que además acaba de salir de un lavado de imagen que le ha devuelto su esplendor después de años de abandono. Después de visitar esta última plaza podéis acercaros a comer a algún restaurante en la ribera del Tajo. Desde allí contemplaréis la majestuosidad del río en su tramo final, agonizante y mezclado ya con el oceáno todo bajo la atenta mirada del gigantesco Puente 25 de abril.
El café lo tomaremos en el barrio de Belem, al que podemos llegar en tranvía. En la antiga confiteria de Belem sirven los famosos pasteles de Belem, que se jactan de ser una receta única, imitadad por doquier pero único.
Al atardecer nos podemos dirigir al Bairro Alto, la zona marchosa de la ciudad. Pero tranquilos, aquí no obligan a nadie a bailar. Siempre podéis entrar en alguna taberna a degustar una tapa de bacalao en sus muchas variedades y beber un porto, aunque no estéis en la ciudad de Porto.
La mañana del domingo puede dedicarse íntegramente al casco viejo, recorrer calles por las que parece que no ha pasado el tiempo, admirarse ante el abandono de muchísimas casas, y coronar la visita con un paseo hasta el Castillo de San Jorge, desde el que divisaréis gran parte de esta colinosa ciudad.
En la tarde podéis explorar la Lisboa más contemporánea: la Avenida da Liberdade, el Parque de Eduardo VII y si aún os queda tiempo el impresionante complejo que dejó tras de sí la Exposición de 1998. Como véis, Lisboa bien vale un fin de semana.