Normalmente se suele relacionar la isla de Ibiza con el ocio nocturno, las playas y un sinfín de posibilidades para el viajero joven. Sin embargo, este tesoro del Mar Mediterráneo esconde más de una sorpresa, sobre todo ahora que empieza un nuevo año y la temporada de turismo masivo característica del lugar se ve aún lejana. Cultura, gastronomía, historia y tradición no son más que algunos de los factores que hacen de la mayor de las Islas Pitiusas (junto con Formentera) un destino que no decepcionará a nadie.
Tanto si se quiere hacer una escapada con la familia, pasar un fin de semana romántico con la pareja o simplemente escapar del estrés de la rutina, Ibiza tiene todos los ingredientes necesarios para que sea una visita inolvidable.

El patrimonio cultural de Ibiza se erige alrededor del imponente castillo de Dalt Vila ('ciudad alta', en la foto), cuyo recinto amurallado data de finales del siglo XVI y en el interior del cuál se encuentra una catedral del siglo XIV. Esta impresionante fortificación se empezó a construir por órdenes del rey Felipe II ante los ataques de otomanos y piratas que encontraban en la isla el enclave perfecto para controlar el Mediterráneo.
Mucho antes, sin embargo, habitaron en Ibiza fenicios y cartagineses, hasta la caída de Cartago, cuando pasó a formar parte del Imperio Romano en el año 70 d.C. Después, vándalos, árabes y bizantinos ocuparon el territorio hasta que en el año 1235 se une a la corona de Aragón, al ser conquistada por Jaume I. Esta mezcla de culturas ha dejado una huella arquitectónica y cultural inigualable, y prueba fehaciente de ello es el increíble patrimonio histórico que podemos encontrar no sólo en los alrededores de Dalt Vila (declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999), sino también en los municipios de Sant Josep, Santa Eulàlia o Sant Antoni.
Para los amantes de la naturaleza, Ibiza es un paraíso que no deja de sorprender. El parque natural de Ses Salines o las impresionantes reservas naturales del islote de Es Vedrà y Es Vedranell, en la playa de Cala d'Hort, son sólo dos ejemplos de la variedad de flora y fauna que podemos encontrar. La "sargantana" o lagartija típica de la isla (al igual que en todas las Baleares), es la prueba viva de su patrimonio natural, cambiando de rasgos y colores según el punto de la isla donde se encuentran. La fauna marina y el importantísimo valor en el ecosistema que tiene la Posidonia no dejan de atraer, tampoco, a científicos y aficionados a la ecología. También son famosas las puestas de sol desde casi cualquier punto de la costa occidental, que le dan el carácter tranquilo y pacífico con el que pocas veces se suele relacionar a Ibiza.
La gastronomía es otro punto a tener en cuenta si visitamos la isla que antiguamente era conocido por los fenicios como Iboshim. Disfrutar de un Bullit de Peix (caldo de pescado fresco recién pescado con arroz) a pie de playa es algo que muchos tildan de ser una joya, así como saborear un buen vino payés en el campo o deleitarse con una exquisita graixonera (postre realizado con las sobras de las también exquisitas ensaimadas). Por no hablar del arroz de matanzas, las típicas "orelletes" o la ensalada de "crostes".
Disfrutar del aire puro, de un ambiente tranquilo y acogedor, a la par que se saborea Ibiza con sus productos y aromas característicos de una isla que aún conserva rincones vírgenes y llenos de vida son sólo algunas excusas para hacer una parada obligada en uno de los puntos con más interés histórico y cultural de todo el Mar Mediterráneo.