Ya sabéis los que seguís este blog regularmente que sentimos debilidad por algunas zonas y rincones de España. Uno de ellos es Teruel. Nos adherimos con mucho gusto a su campaña "Teruel existe" porque esta tierra tiene mucho que ofrecer, además del frío y el buen comer.
Hoy nos trasladamos a Albarracín, un ejemplo paradigmático del pueblo medieval español, de esa España que para muchos turistas se ha perdido por el camino debido al progreso y al turismo de masas. Es difícil encontrarla, pero en pueblos como Albarracín, ubicado en un la ladera de una montaña junto al río Guadalaviar nos reconciliamos con ese pasado. Lo reconoceremos accediendo por carretera en una de las imágenes más fotogénicas que podamos tomar, con el esplendor de su muralla.

El pueblo, donde además se come de fábula –un día dedicaremos un post a la gastronomía de Teruel se encarama en lo alto de un peñón cortado por la hoz del río. Y nos retrotae a Cuenca, de la que hablamos hace poco, porque en Albarracín también pueden presumir de casas colgadas que se asoman de forma espectacular sobre el precipicio.
En la zona baja, conocida como el Arrabal, las casas forman un bonito conjunto de típicas casas labriegas de colores terroros, muy populares en esta esta región de Teruel. Muy cerca de aquí las excursiones nos pueden llevar a la Sierra de Albarracín, los Montes Universales y el Paraje Protegido de los Pinares de Rodeno.