¿Saben cuál es la ciudad europea preferida de Woody Allen? Muchos pensaran que París, Venecia o Londres, donde últimamente rueda sus películas. Pero pese a que las tres candidatas tendrían sentido, la respuesta se encuentra en nuestras fronteras y es Oviedo. El idilio del genio de Manhattan con la capital de Asturias empezó hace ya varios años, cuando ganó el Premio Príncipe de Asturias. Una visita bastó para convertirle en el mejor embajador de la ciudad.
Y es que esta ciudad coqueta, discreta, culta y burguesa no forma quizá parte del recorrido turístico habitual -Santander o San Sebastián se llevan más turistas anuales- pero bien vale una visita. La historia milenaria de la ciudad de Oviedo está ligada a su papel de capital de Asturias: primero del reino, y después del Principado, más tarde de la provincia y, finalmente, de la Autonomía.
Con Gijón en la costa, Oviedo se encuentra en el interior, estratégicamente situada, resguarda por los montes que acogen Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, dos iglesias prerománicas fundamentales en la historia de toda la región y ahora Patrimonio Mundial de la Humanidad.

Oviedo es también la ciudad de La Regenta, los cafés y la sidra (no hay que perderse la calle Gascona, bautizada socarronamente como el Bulevar de la Sidra). Con uno de los cascos antiguos mejor conservados y uno de los primeros en apuntarse ya hace años al Sólo para peatones.
Oviedo se prepara para la candidatura a Capital Europea de la Cultura 2016, y no le faltarán argumentos para seducir al jurado. La ciudad bulle de actividades culturales durante todo el año que tienen como colofón la entrega de los Premios Príncipes de Asturias, en el Teatro Campoamor. Los premios han ido ganando prestigio y fieles año a año y han puesto a Oviedo en el mapa, lo que se ha traducido en la apertura de nuevos establecimientos hoteleros y restaurantes.