A orillas del río Segura y el bello Mar Mediterráneo, en una tierra fértil y generosa que comparte sus frutos más allá de las fronteras que delimitan su huerta, hay una ciudad llena de luz y color, de temperaturas cálidas y suaves, de historia y modernidad.

Al sureste de la Península Ibérica está la historia de una ciudad que remonta sus orígenes más allá de lo que la certeza puede atestiguar, sospechando que fueron los romanos quienes la bautizaron como Murtia por la abundancia de humedales y mirtos en la zona, pero sin tener constancia absoluta hasta la aparición de la Madina Mursiya musulmana que Abdelrramán II fundó en el 825.
Cada pueblo deja su herencia y cada legado sus huellas, una huella húmeda con sabor árabe que refleja las acequias de una red hidrográfica que ha dado lugar al actual sistema de regadíos de la Huerta del Segura.
Recorriendo el entramado de calles que conforman el casco antiguo de Murcia, se descubren las marcas del pasado andalusí de una ciudad que alcanzó su mayor esplendor convertida en centro político y cultural comparable a las principales capitales islámicas allá por el siglo XII.
Sumergirse en los recovecos de la ciudad, es descubrir en iglesias y conventos, antiguos palacios árabes con albercas, arriates y salones, que se esconden de la vista superficial bajo los muros de edificios que los han convertido en parte de sí mismos.

Bañada por las aguas del Mediterráneo, en la fértil vega del río Segura, recordando su pasado andalusí y orgullosa de un presente muy distinto, Murcia espera para sorprender con sus rincones llenos de historia, belleza y encanto.
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