Alojado en la montaña, a orillas del río Pisuerga, con aire eminentemente palentino, aparece, cultivando la dulzura de las galletas en sus hornos, Aguilar de Campoo.
En la montaña de Palencia, en una tierra poblada desde antiguo por cántabros, romanos y visigodos, convertida en baluarte de la dominación árabe, Aguilar de Campoo se convierte, durante la Edad Media, en una de las merindades más extensas y pobladas de Castilla.
Corría el año 1255 cuando Alfonso X el Sabio, durante su estancia en la población, le otorga el título de Villa Realenga, llegando a convertirse en el primer Fuero Real de Castilla.

Con semejante importancia histórica previa al siglo XIII y a raíz de aquel momento, la riqueza y relevancia de la villa crece constantemente, dejando tras de sí un reguero de edificaciones civiles, religiosas y militares de estilo románico, gótico y renacentista que convierten, cada una de las piedras que forman sus muros, en historia elegante y silenciosa.
El castillo, el monasterio de Santa María la Real y su hermoso claustro, la colegiata de San Miguel, las iglesias de Santa Clara y de Santa Cecilia, las murallas medievales, y los puentes sobre el caudaloso Pisuerga, forman una colección legendaria que convirtió Aguilar de Campoo, en Conjunto Histórico-Artístico.

Descubrir la belleza sublime de unos edificios cargados de Medievo, de riqueza sobria y serena, sin grandes ostentaciones exteriores y con maravillosos interiores llenos de serenidad y tradición, es algo tan sencillo como caminar por las calles de Aguilar de Campoo y dejarse seducir por la historia hecha monumento.
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