Al noroeste de la Península Ibérica, rodeado del verdor, la historia y tradición hay un lugar peregrino, una ciudad por la que han desfilando, durante siglos, caminantes de diversos orígenes con un mismo destino: Santiago de Compostela.
Al oeste de la provincia de León está Ponferrada, y en ella, el castillo de los templarios se alza sobre la colina recordando la historia de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo que en tiempos de Edad Media protegían a los peregrinos de malhechores y ladrones.

Se acerca la primera luna llena del mes de julio, cuando la Noche Templaria llenará de fantasía y misterio una ciudad que recibe su nombre del antiguo puente de hierro por el que discurrían los peregrinos.
En la Noche Templaria, Ponferrada vuelve a ser Pons Ferrata, la ciudad medieval, cuando Frey Guido de Garda, Maestre de la Orden del Temple, regresa a la urbe para sellar un pacto de eterna amistad con ella y entregarle en custodia el Arca de la Alianza y el Santo Grial.

Ataviados los ponferradinos con ropajes medievales, reciben a la comitiva templaria y la acompañan hasta el Castillo, donde el Maestre dirá: -“Yo, Guido de Garda, Maestre de la fortaleza de Pons Ferrata, comprometo a todo el pueblo de Ponferrada para que vuelva cada año a renovar este compromiso festivo con su historia y su leyenda hasta que el tiempo llegue a borrar la línea del horizonte"-.
Música, fuegos artificiales, animaciones en las calles y la cena medieval harán de esa noche en Ponferrada, un viaje en el tiempo sin moverse del presente.
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