Bañada por las aguas del Mediterráneo al sur de la Península, en el límite de Almería con la provincia de Granada, hay una localidad cálida y playera.
Al sureste de Sierra Nevada, en la Baja Alpujarra, está Adra, la antigua Abdera de los fenicios.

Allá donde la historia deja de ser certeza y se convierte en arqueología, se encuentran los orígenes de la actual Adra, cuando los fenicios crearon una colonia que llegó a convertirse en un enclave comercial marítimo, en el que los navegantes de Tiro y Sidón, en la antigua Fenicia, el actual Líbano, hacían parada, en ruta comercial hacia la antigua Gadir, la actual Cádiz.
Desde aquellos tiempos antiguos en los que los fenicios moraban las tierras que luego fueron pobladas por griegos, romanos, musulmanes y cristianos, ha pasado ya mucho tiempo.
Mucho tiempo desde que la costa andaluza fuera poblada por primera vez, y los navegantes de otros tiempos convirtieran las pequeñas poblaciones costeras en prósperos puertos.
Ha pasado mucho tiempo, pero cuando contemplas desde la orilla la maravilla del Mediterráneo tiñéndose de colores bajo el sol, parece que el tiempo no hubiera pasado y todavía se vieran las naves de otros tiempos surcando las olas.

Ha pasado mucho tiempo, pero caminar por Adra, sigue siendo un placer. El placer de sentir el aroma del mar penetrando tus pulmones.
Caminar por Almería, recorrer Adra, te sigue permitiendo descubrir los sabores del mar, de lo sencillo, de lo mediterráneo, de aquello que siempre te hace pensar en el descanso, cuando el frío vuelve a reinar en la Península y el calor del verano se siente ya lejos.
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