Protegido de los fríos vientos del norte, a orillas del Mar Mediterráneo, hay un antiguo pueblo de pescadores.
Un pueblo embriagado de Garraf, acompañado de un microclima que le confiere un ambiente cálido durante todo el año, regalándole, por maravilla natural, más de trescientos días al año de sol.

En el exótico paisaje rocoso del Parque Natural del Garraf, fundiendo las alturas del macizo con las profundidades del mar en el sinuoso abrazo de su costa, se encuentran numerosas cavidades subterráneas, excavadas en lo escondido.
En el peculiar paisaje de las costas del Garraf está Sitges, y en Sitges, la maravilla de diecisiete playas distintas que bañan sus arenas en el suave Mediterráneo que las acaricia.
Al sur de la ciudad de Barcelona, está Sitges, el lugar en el que encontraron morada intelectuales de hace poco más de un siglo.
A finales del siglo XIX, el escritor y pintor Santiago Rusiñol, una de las figuras destacadas del Modernismo catalán, cambia su residencia en Barcelona, y compra en Sitges una antigua casa de pescadores en el Rincón de la Calma, junto a la playa de San Sebastián.

El artista decide comprar la casa de al lado, y derruir ambas para construir allí Cau Ferrat. Cau es un refugio: el refugio para los amantes de la poesía; y Ferrat es el adjetivo que recibe por la colección de "ferros", hierros forjados del artista.
Caminar por Sitges es descubrir el carácter único de un pueblo de pescadores peculiar, un pueblo convertido en icono del Modernismo más allá de Barcelona, más allá del Mediterráneo, más allá de lo esperado.
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