A orillas del inmenso Océano Atlántico, muy cerca de Finisterre, impregnado con las huellas que la tradición peregrina ha dejado en su paisaje está Muxia, y en él, iglesias, capillas y cruceros se suceden uno tras otro mezclando su cristiandad con el esoterismo oculto en las piedras y la naturaleza que en Galicia se convierten en mágicas.
Frente a un mar oceánico lleno de poder y vigor, hay una iglesia. Una iglesia erigida allá donde antaño hubo culto a las piedras, al sol y el mar, allá donde los antiguos celtas veneraron los poderes del Más Allá.

Cuenta la leyenda, que la Virgen se apareció al Apóstol Santiago sobre una barca de piedra en el mismo lugar donde ahora se alza el Santuario de la Virgen de Barca, comienza así una tradición que pasará a convertirse en la peregrinación a Muxia, prolongando la Ruta Jacobea hasta la orilla del mar.
Bañada por las aguas del frío Atlántico está A Coruña, y en ella, acantilados, rocas y unas playas que adornan las orillas del océano con una arena blanquecina que el sol hace resplandecer cuando asoma entre las nubes o se planta en el firmamento reinando el cielo.

Viajar a Galicia es redescubrir tradiciones e historia, arribar hasta A Coruña es respirar la viveza del océano que impregna con su sabor la gastronomía de la región, llegar a Finisterre es encontrarse con el último faro de la tierra conocida en la Edad Media y estar en Muxia es sorprenderse con una combinación maravillosa de océano, religión y leyenda.
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