Cuenta la leyenda que allá por la Edad Media el señor feudal de Geltrú promulgó el derecho de pernada, según el cual, cuando una joven doncella se casaba, tenía que pasar la primera noche con él.
Ante tal noticia, fueron muchos los geltrunense que decidieron mudarse, instalándose, esta vez, cerca del mar, fundando la Villa Nueva de Cubellas. Pasado el tiempo, ambas crecieron y se fundieron en una sola.

Corría el siglo XIII cuando el rey Jaume I concede la Carta Puebla al municipio y nace así, oficialmente, Vilanova i la Geltrú.
Pasados los siglos llegó el XIX, y con él, majestuosos jardines de reminiscencias caribeñas, recordando, continuamente, el contacto constante con la maravillosa Cuba de ultramar.
Han pasado los siglos y muchas cosas han cambiado desde aquel entonces, muchas, y resulta un placer pasear por sus calles y descubrir palacetes y mansiones, ermitas e iglesias, y a sólo un paso, la playa con el tranquilo Mediterráneo meciendo sus olas al compas de la tierra… y un poco más allá, descubrir el puerto y multitud de embarcaciones de uno u otro tamaño descansando en él.

Caminar por Vilanova i la Geltrú, es redescubrir la provincia de Barcelona, es comprender que más allá de Gaudí y su Modernismo, hay un pueblo, en la costa del Garraf, cargado de Romanticismo, cargado de historia y modernidad, cargado de palmeras y temperaturas agradables, cargado de mar…
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