La vida es como un viaje en tren a lo largo del cual vamos descubriendo paisajes, conociendo gentes, saboreando experiencias…
La vida es como un viaje en tren y en esa última estación hay un lugar precioso, lleno de luz y color, con aroma a mar y a montaña, con calidez y frescura, con sabores de la tierra y el agua…

En la provincia de Girona, en la Costa Brava está Port de la Selva, y un poco más al norte, muy cerquita de la frontera francesa, a sólo un paso de Cerbère, está Portbou, y en él, el Mediterráneo dice adiós a una Costa Brava que le ha regalado toda su bravura y serenidad.
Caminando por sus calles, sentirás el juego del travieso tramontana, que, jugando contigo al escondite, alborota tus cabellos y se esconde para volver a sorprenderte en cualquier lugar, cuando menos lo esperas.
Tramontana es el viento que acaricia las rocas de los acantilados, que revolotea entre la vegetación que puebla la sinuosa costa, que refresca el sofocante calor del verano…
Y en Portbou, la playa sorprende con una cala repleta de piedrecitas de formas redondeadas que hacen las veces de arena, sin pegarse a la piel, sin engancharse a la toalla cuando recoges tu campamento veraniego junto a la orilla, de la manera más limpia y ordenada.

Coge el tren desde Port de la Selva, bájate en la última parada, y allí estará la playa, allí estará la montaña, allí estará Portbou, como último estandarte de la costa catalana, como último estandarte de la costa española.
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