“Pescaíto” frito y unas migas para saciar el hambre, y luego, pasear por la orilla de la mar mientras el astro rey corona el firmamento…
Los barquitos amarrados en el puerto mediterráneo al caer la tarde denotan un carácter absolutamente pesquero…

Calorcito, mucho calorcito es lo que se encuentra en Almería, y en ella, Roquetas de Mar es uno de esos pueblos costeros que hacen de tus días algo pacífico y tranquilo, o lleno de música y diversión, depende de lo andes buscando.
Mucho tiempo atrás, pescadores y gentes sencillas, dedicaban el transcurso de sus días a adornar el paisaje de sus calles con los quehaceres diarios, con los aromas a gastronomía tradicional, con su cotidianidad guiada por el faro que alumbraba la nocturnidad del mar con su brillo incandescente.
No lejos de él, recordando el azote de los piratas en sus costas, el Castillo de Santa Ana, sigue erguido desde el siglo XVI, y aunque sufrió un incidente que dejó maltrecho su hermoso cuerpo, todavía conserva una de sus torres, que orgullosa y satisfecha, recuerda la protección que daba a sus queridos vecinos cuando éstos la necesitaban.

Huele a Andalucía, cuando te acercas a Roquetas de Mar, huele a verano y sabrosura, huele a alegría y diversión… y cuando te sientas en una de sus terrazas y ves el sol ponerse tras la línea que dibuja el horizonte, notas el sabor salado del mar, que dulce y sereno, te desea buenas noches.
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