Transportados dos milenios atrás en el tiempo, encontramos un balneario en el que tantos cuerpos en busca de descanso y satisfacción se sumergieron…
En la provincia de Barcelona, en la localidad de Caldes de Montbuï, está una de las fuentes de agua más cálida de Europa.
La Roma Imperial construyó tantos edificios singulares… anfiteatros, circos, acueductos, puentes… y termas. En Caldes de Montbuï están las termas romanas mejor conservadas de la Península Ibérica.

Allí, recordando la sociedad de otros tiempos, recordando las reuniones relajadas a medio cuerpo sumergido bajo el agua, están los baños públicos donde los ciudadanos de la antigüedad comentaban asuntos diversos, se entretenían en amenas charlas y resolvían asuntos de una y otra índole.
Justo frente a las viejas termas, está la fuente del León, por cuya boca brota un agua caliente, caliente como el horno que prepara los ricos carquiñoles…

Unos dulces crujientes de pan y almendras, eso son los carquiñoles.
Compras una bolsa, y mientras caminas por las calles del pueblo y descubres los viejos lavaderos donde, hasta no hace mucho, todavía se lavaba la ropa a mano, saboreas esas golosinas naturales, sin mayor condimento que azúcar, harina, almendra y huevo, hechas en el horno, como siempre se hizo.
Han pasado los siglos y las gentes que pueblan la zona ya no son las que fueron, pero volver a recorrer las calles del lugar y probar los crujientes carquiñoles es una de esas cosas que hacen, de Caldes de Montbuï, algo diferente.
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