En un recóndito valle, alejado de la polución y el mundanal ruido, al abrigo de las montañas y la serenidad de una naturaleza elegante y pacífica, se encuentra un rincón plagado de historia y arquitectura, religiosidad y pintura.

Al noroeste de la provincia de Lleida, a sólo un paso de Aragón y Francia, muy cerquita del Parque Nacional de Aigüestortes, está el Valle de Bohí, y en él, salpicando su geografía con armonía milenaria: ocho iglesias y una ermita, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Cada una de ellas con ese estilo inconfundible, impregnadas de influencia lombarda, con sus tejados de pizarra y sus torres cuadradas, coronadas por aquellos antiguos campanarios que extendían el repicar de sus campanas por cada recoveco de su valle…
Santa Maria y Sant Climent de Taüll, pequeñas y sencillas; Sant Joan de Boí y Santa Eulàlia d’Erill la Vall, sobrias y elegantes; la Nativitat y Sant Quirc de Durro antiguas y respetuosas; Santa Maria de Cardet, Sant Feliu de Barruera, y l’Assumpció de Coll… silenciosas, amables, acogedoras…
Explicar con palabras lo que se siente al caminar por aquellas tierras de Lleida es algo realmente difícil, porque nada como una mirada, una sonrisa o la caricia del viento al pasar, trasmite tanto en tan poco tiempo.

Respirar el aire puro que regalan las montañas, alegrar la vista con cualquiera de sus monumentos, dejarse llevar por la imaginación y relajarse al son de la brisa al pasar… es una de esas pequeñas grandes maravillas que no podemos dejar pasar, porque en invierno y en verano, en primavera y en otoño, disfrutar del Valle de Bohí es una experiencia reconfortante y educativa con la que poder cambiar de aires y aprender, una vez más, que respetar lo que nos ha sido entregado, más que una elección, es un deber.
Descubre nuestras ofertas en Lleida en Buscadestinos.com
Síguenos en Facebook, o si lo prefieres en Twitter