El mundo que hoy conocemos no sería el que es si no fuera por lo que ya no es pero fue… griegos, fenicios, celtas, íberos, romanos, suevos, árabes,… y luego un reino, otro reino, una guerra, otra… y en las ciudades y los paisajes se fue dibujando la fisonomía que hoy conocemos.

Al suroeste de la Meseta Central, en la provincia de Cáceres, hay una de esas huellas del pasado que parecen recién pisadas, una de esas construcciones que cambian la historia del lugar en el que habitan por siempre. En la afamada Roma Imperial, hubo un niño que nació en la ciudad de Itálica, a penas unos kilómetros más allá de la sevillana Hispalis. Aquel niño llegaría a ser Marco Ulpio Trajano, el gran emperador.
Durante su época de administrador civil, Trajano mandó construir edificios y monumentos que llegarían hasta nuestros días, y todavía se conservan en Roma: el foro imperial, el mercado y la conocida columna trajana, pero, más allá de la Península Itálica, cerca de la tierra que le vio nacer, en un paraje sobre el río Tajo, se encuentra otra de esas obras maestras que el paso del tiempo no ha podido derruir.

Junto al municipio de Alcántara todavía se conserva el puente de seis arcos que los reinos andalusíes bautizaron con su idioma árabe como Al Qantarat, El Puente. Y no hace falta saber mucho de historia o arquitectura para observarlo y comprender que el pasado todavía tiene mucho que contarnos.
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