Al sur de la Península Ibérica, en un lugar que en algún momento de la historia fue unos de los importantes reinos del Al-Andalus, se encuentra lo que fue llamado “Qa'lat al-Hamra' “.

Al este de la ciudad de Granada, sobre la colina de Al-Shabika, se alza, majestuoso, el Castillo Rojo, la Alhambra, divisando desde las alturas el valle que bañan las aguas del río Darro.
Te sumerges en una ciudad llena de luz y color, de algarabía y calor recorriendo cada uno de sus rincones, y los muros de sus casas parecen reflejar el sonido de aquellas voces nazaríes rezando en dirección a la Meca. Te sumerges en una ciudad Patrimonio de la Humanidad que clama a los cuatro vientos su pasado andalusí, su pasado y su presente plagado de vestigios vivos de otros tiempos, con su Albaicín y el Generalife en lo alto el cerro del Sol.
Adentrarse en cualquiera de sus monumentos te transporta a un mundo de refinamiento y armonía, de luchas y guerras fronterizas entre los propios reinos vecinos y los insistentes cristianos del norte; adentrarse en las profundidades de palacio significa encontrar la Alcazaba y la Puerta de la Justicia, los Baños y la Sala de la Barca, y en un claro lleno de belleza armónica y atemporal: el patio de los leones.

El paseo por las calles de su ciudad te llevará hasta alguno de sus baños árabes, en los que relajarse impregnado con los óleos más aromáticos y reconfortantes un cuerpo que desea diluirse en los sueños de un Morfeo seductor.
El suave tintineo del paso del tiempo, acariciando los muros de cada edificio hecho monumento, se convierte, en Granada, en el son de una canción cuya sinfonía suena a derbake, laúd, pandereta y qamún.
Descubre nuestras ofertas en Granada en Buscadestinos.com
Síguenos en Facebook, o si lo prefieres en Twitter