
Construida en 1899, como residencia de la familia indiana de los Pachorros, constituye el sueño idílico para el viajero de ultramar. Singular Quinta donde el lujo, la ostentación y belleza complementaban los acontecimientos sociales que la actividad filantrópica de su promotor, generaba en su entorno. Hoy día, sus instalaciones hoteleras permiten ofrecerle un descanso y relax a todo comfort sin perder su ambiente original de la Belle-Epoque. Tenemos 12 habitaciones: 9 dobles y 3 especiales. Todas disponen de cuarto de baño (con secador de pelo y productos de acogida), calefacción, teléfono, hilo musical y televisor. En las suites hay bañera de hidromasaje. El jardín aporta un un rico repertorio de especies muy características de la horticultura ornamental de la época. Se abre al exterior por medio de una artística rejería sobre zócalo elevado que, coronando las pilastras de las 2 cancelas de acceso, tiene vasos lobulados de cerámica, algo bastante usual.
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