
El edificio, de planta moderna y salpicado de hermosos balconajes, se presta al descanso y a la tranquilidad. Su interior, elegante y colonial al que precede un fascinante jardn con piscina, resulta alegre y acogedor. Las habitaciones son muy confortables y muchas de ellas se asoman al ocano, ofreciendo magnficas vistas que definen su impresionante inmensidad y desde donde se disfruta del apetecible rumor de las olas. En este idlico entorno, el husped se reconforta con los platos alegres y sugerentes que presenta el restaurante del Parador. Destacan el caldo de queso herreo, los alfonsios con burgados, las quenefas de viejas con salsa de lapas y erizos de mar y el biscuit de higos del pinar.
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