
En el centro histórico de Évora, justo en el área nombrada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, se usó el viejo palacio de la familia Sepúlveda, un edificio del siglo XV, para dar forma a un hotel boutique refinado y elegante. Sobrio y pulcramente encalado, el palacio luce en la fachada principal sus tres ventanas manuelinas, intactas como su capilla o los techos abovedados del interior. Dentro, lo histórico se adapta a lo actual. ¿O es al revés? El caso es que prima el buen gusto, la desnudez ornamental como base sobre la que enfatizar los elementos arquitectónicos y la nueva imagen interiorista. Así se concibe el restaurante, ambientado con muros limpios y mesitas íntimas bajo las bóvedas y los arcos de herradura. O el spa, a media luz. Las habitaciones, con vistas al acueducto, a los jardines o a la ciudad, exhiben confort y detallismo. Las más clásicas, en los dos primeros pisos; las suites reales, en el edificio antiguo, junto a la capilla; el resto de suites, en el ala moderna del hotel. Todos los cuartos de baño, amplios y con bañera y ducha separadas, han sido alicatados con azulejos de colores y suelen comunicarse con el dormitorio a través de una mampara de cristal. Doseles, textiles de calidad, cojines y almohadones, butacas mullidas, detalles florales, velas? Todo a punto. Algunas disfrutan de pequeñas terrazas abocadas a los techos de la ciudad. Por último, una bonita piscina exterior rodeada de piso de madera, refresca la calorina.
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